40 AÑOS DE MORTADELO
...y de Filemón. Los detectives
más chapuceros del cómic han sobrevivido a la censura, la transición y los
mundiales. El padre, F. Ibáñez, nos lo cuenta.
El Mundo. La Revista
18 de mayo de 2000
LEANDRO
PÉREZ MIGUEL
Mortadelo es el rey del
disfraz. Un personaje capaz de convertirse en cualquier objeto, en cualquier
animal, en cualquier ser humano o inhumano. Esta extraordinaria capacidad
mimética no sólo provoca carcajadas entre sus seguidores sino también permite
que Ibáñez pueda resolver muchos de los infinitos gags de las '...en la prensa'. de
una manera original, inimitable.
Cuando
no se disfraza, viste de luto, con un levitón negro como una morcilla. Pero
Francisco Ibáñez escogió otro embutido para bautizar a su personaje más
universal. Bien pudo llamarlo Morcillo, aunque lo llamó Mortadelo. Y a su
compañero, un calvo con dos pelos y pajarita, también le asignó un nombre con
resonancias alimenticias: Filemón. Quizá porque Filetón suena peor, o es poco
sutil. El caso es que el número 1394 de Pulgarcito en cuyas páginas Carpanta
devoraba el espejismo de un pollo asado y también figuraban Doña Urraca, Zipi y
Zape, Rigoberto Picaporte, solterón de mucho porte, Las hermanas Gilda, Petra
criada para todo, El Capitán Trueno, Pascual, criado leal, el Doctor
Cataplasma, Troglodito y Doña Lío Portapartes, señora con malas artes; en ese
mítico Pulgarcito fechado el 20 de enero de 1958 nacieron Mortadelo Y Filemón,
agencia de información.
Han pasado 40 años. Los suficientes
para que se hayan vendido más de 150 millones de los cerca de 150 álbumes que
protagoniza esta peculiar pareja detectivesca. Los suficientes para que se
hayan traducido a una decena de idiomas. Mortadelo y Filemón también se llaman
Clever & Smart (en Alemania donde se han vendido más de 50 millones de álbumes),
Flip & Flop (en danés). Paling en Ko (holandés), Mortadelo e Salaminho
(portugués), Flink uch Fummel (sueco), Futt et Fil (francés), Fortune &
Fortuni (italiano), Antupie Kai Symphonie (griego) y Älli ja Tälli (finlandés).
Han pasado suficientes años para que Francisco Ibáñez, su padre, el guionista e
ilustrador del más popular cómic español, recuerde sus peripecias con
nostalgia.
En
1958 hacía un año que Francisco Ibáñez había dejado de trabajar en el Banco
Español de Crédito para dedicarse totalmente a dibujar, después de haber
estudiado contabilidad, banca y peritaje mercantil, y después de haber cobrado
146 pesetas al mes cuando trabajaba de botones. En 1958 hacia un año que Ibáñez
trabajaba en exclusiva para la editorial Bruguera, la principal fábrica de
tebeos de la época. Empezó dibujando chistes y páginas deportivas y luego, una
vez demostrado su talento, ascendió: le fue concedida una página y el divino
poder de llenarla con los personajes que quisiese, que crease.
Pero
no se podía crear cualquier cosa. “Había que dibujar con un ojo puesto en la
página y otro en la oficina de la censura. La política era tabú: ni soñando
remotamente podías introducir un asunto político. Ni tampoco algo erótico. Era
poco recomendable dibujar señoras porque los censores quitaban una curva de
aquí y otra de allá y las mujeres acababan siendo como cerillas. Y la violencia
también la censuraban: aunque se permitía que en las historias de Hazañas Bélicas se masacrase a 50.000 japoneses, se metían
con la típica última viñeta en la que un personaje le pega a otro un
martillazo. Decían que eso hería los tiernos corazoncitos de los niños”,
recuerda Ibáñez. O F. Ibáñez, como firma desde siempre.
En esas condiciones, Francisco
Ibáñez creó unos Mortadelo y Filemón bastante similares a los actuales. Aunque
este no se despegaba de una pipa, aquel de un paraguas y ambos llevaban
sombrero. Pero desde el principio Mortadelo ya se disfrazaba ( en las 16
viñetas de la primera página se viste de perro, sereno, mozo de cuerda y pingüino)
y Filemón ejercía de jefe y acababa pagando los platos rotos. Ibáñez, un
admirador de Chaplin, de Harold Lloyd y de Abbot y Costello, había alumbrado
unos SherlocK Holmes y Watson a la española: “Chapuceros hasta la médula.
Humanos, no los clásicos héroes”. Pero la principal diferencia con sus
antepasados estaba en las acciones que podían desempeñar: “La historieta era un
chiste inflado que se desarrollaba al final. Los de la censura querían que
nadie pensara, que la gente pasara el rato. Los tebeos de entonces eran como el
pan y el circo de los romanos”.
Pasaron los años. Mortadelo y
Filemón perdieron los sombreros, la pipa y el paraguas, y ganaron papel. En
1964 ocuparon la página doble central de Pulgarcito.
Eran ya muy populares. Pero desde 1969 lo fueron aún más: en la recién
creada revista Gran Pulgarcito
comenzaron las historias por entregas. En cada número aparecían cuatro páginas
de una aventura que terminaba al cabo de 11 números y que, luego, se publicaba
en un álbum de tapa dura. El primero, que inauguró la colección Ases del humor
con El sulfato atómico. En él,
además, Mortadelo y Filemón dejaban de estar solos. Ingresaban en la T.I.A.
(Técnicos de Investigación Aeroterráquea), donde no sólo se las tenían que ver
con los villanos de turno, sino también con el Súper (el superintendente
Vicente) y con los desastrosos inventos del profesor Bacterio.
PARODIA DE LA CIA
El
salto evolutivo fue enorme. Ibáñez convirtió las páginas de Mortadelo y Filemón
en una sucesión disparatada de gags. Encima, a pesar de la consigna “nada de
política, señoras ni violencia”, las '...en la prensa'. cobraron mayor actualidad en
los años tardofranquistas. Por de pronto, algo de política había en la TIA,
puesto que a nadie se le escapaba que era una parodia de la CIA. “Quizá la
censura se relajó algo, pero de todas maneras era insoportable hacer una página
pensando en que fuera devuelta con tachones de lápiz rojo. Porque ocurría de
vez en cuando” comenta.
En los años setenta, el éxito de la
colección Ases del Humor y también de las revistas Mortadelo, Súper Mortadelo, Mortadelo Gigante convirtieron a Francisco Ibáñez en el
principal activo de Bruguera. Y en un negocio exportable. “Vieron que si se
hacía algo de calidad, ese algo tenía salida, se podía vender fuera”. Entonces
murió Franco y llegó la libertad creativa total para Mortadelo y Filemón. Pero
no el libertinaje: “Aunque de vez en cuando salía algún político, no hice
crítica de la situación política. Para eso estaban ya otros humoristas. Y
tampoco entró el destape, que es un arma de doble filo: a la larga se agota y a
la corta resulta absurdo”.
ASES DEL HUMOR Y DEL DEPORTE
En
cambio, Mortadelo y Filemón traspasaron todas las fronteras cuando la T.I.A.
comenzó a mandarles a los Mundiales de Fútbol y a las Olimpiadas. En el 78,
cruzaron el charco para jugar en Argentina y, en el 80, boicotearon más que los
americanos los Juegos de Moscú.
En los años ochenta, Mortadelo y
Filemón se consolidan como el Astérix o el Tintín hispánico, con unas
'...en la prensa'. cada vez mejor dibujadas y mejor escritas. Pero Ibáñez cumple con
Goscinny. Uderzo o Hergé en inferioridad de condiciones. No sólo porque sólo él
es el responsable de los guiones y de las ilustraciones, sino porque Bruguera
le hace trabajar a destajo. Y quieren sacar tanto partido a la gallina de los
huevos de oro, que llegan a prescindir del propio Francisco Ibáñez. “Fue
horrible, montaron un equipo en cadena y el resultado fue catastrófico”.
Ibáñez dejó Bruguera en 1985. Al año
siguiente, esta editorial desapareció. Dibujó otros personajes en Grijalbo
hasta 1988, cuando Ediciones B, propietaria del fondo de Bruguera, le contrató.
Desde entonces, lanza seis álbumes al años. Menos que cuando le explotaron al
máximo, pero tres veces más de Astérix. Y en los álbumes actuales, al igual que
en la década pasada, Ibáñez ha sacado partido de la actualidad española. Ha
convertido a Juan Guerra en Juanito Batalla, a Luis Roldán en Rulfián, director
general de la Guardia Viril, ha hecho que Pujol, Maragall, Serra y González se
pelen por un sillón en las Olimpiadas de Barcelona (dice Ibáñez: “A veces los
políticos nos hacen competencia desleal, ellos tienen más gracia”) ha
convertido la gaviota del Partido Popular en un buitre, en el especial del
último Mundial ha dibujado un José Maria Aznar y le ha llamado “Don Cejudo, un
mandón algo ceñudo, chiquitajo y bigotudo” ha escrito títulos tan expresivos
como El atasco de influencias, Corrupción
a mogollón o El pinchazo telefónico... Y también se ha atrevido con temas
más universales, con aventuras como Bye
bye, Hong Kong! Dinosaurios, Las vacas chaladas o La historia esa vista por
Hollywood.
Y así, le ha llegado a Ibáñez la
hora de los premios, de los reconocimientos y de los aniversarios. Justo cuando
el cómic sufre una crisis pertinaz. “En los quioscos de las Ramblas ahora sólo
veo portadas con las historias de la capitana Presley o la capitana Obregón”. Y
a Ibáñez, uno de los pocos autores europeos con auténtico éxito popular, a este
barcelonés nacido en el año en que comenzó la Guerra Civil y que ha creado hijos menos célebres como el botones
Sacarino, Rompetechos o Pepe Gotera y Otilio se le empieza a preguntar ya por
su jubilación, por la hipotética muerte de Mortadelo y Filemón. Pero él
responde: “Yo no quiero matarlos. El día que desaparezca alguien tendrá que
continuarlos”
A ese heredero le vendrá bien leer
el Súper Humor que ha salido para
celebrar el 40 aniversario o el último álbum. Se titula Su vida privada, y revela aficiones secretas: Filemón colecciona
discos “de 36 revoluciones y siete motines” y cuadros “al óleo y a la
vinagreta”, Mortadelo pasa el rato en bares o en billares, vine de Borricón de
Arriba pero monta en skate board y
pretende que una amiga le acompañe a la disco a ”remenear” el esqueleto. Es que
los tiempos cambian.
¿POR QUÉ NOS GUSTA MORTADELO?
FELIPE
GONZÁLEZ. Ex presidente de Gobierno. Carmen Romero, su esposa, le regala los
álbumes y él ha contado varias veces que le relajan, le divierten y los lee en
la cama.
JAIME
VALERO. Estudiante de ESO: “Me gusta porque sólo sirve para hacer reír, para
pasar un buen rato. No es pretencioso”.
JOSÉ
LUIS MARTÍN, director de “El Jueves”: “Es el tebeo de mi infancia. Junto con
Vázquez, Ibáñez tenía los mejores “gags”. Además, inventó la repanocha: en vez
de hacer un chiste al final de la viñeta, metió un gag cada tres o cuatro
viñetas. Aparte de buen dibujante Ibáñez es un excepcional guionista”.
JUAN
Mª RUIZ CÓRDOBA, guionista y periodista de 26 años: “Me gusta por su humor
absurdo y repetitivo, también porque apenas ha cambiado y me recuerda mi niñez
y porque de Mortadelo han salido más álbumes que de mis otros cómics
favoritos”.
SUSANNE
Theune, directora editorial de infantil y juvenil de Ediciones B: “Soy fan de
Mortadelo de toda la vida, desde que lo empecé a leer en alemán hasta ahora”.
SERGIO
INFANTE, 10 años, antes de obtener una firma de Ibáñez en la pasada Feria del
Libro: “Los vestidos de Mortadelo son una pasada. Es mi personaje favorito, me
cae mejor que Filemón”.
MARÍA
LÓPEZ, madre del anterior: “Mi hermano compraba los tebeos de Mortadelo:
después de que él los devorase me dejaba leerlos. Me aficioné y ahora se los
regalo a mis hijos y me siguen gustando”.
SARA
CARMONA, 12 años después de conseguir una dedicatoria de Ibáñez: “Les sale todo
mal, pero no importa, aunque se pegan muchos cacharrazos. Es divertido”.
RICARDO
MARTÍNEZ, dibujante: “Sobre todo me gustan los disfraces de Mortadelo”.
JOSÉ MARÍA PLAZA, escritor: “Mortadelo recupera el gag visual y sus historias están llenas de ingenio e imaginación”.