23/04/97
Ibáñez, el padre de los incorregibles Mortadelo y Filemón, catapulta
ahora a su dinámico dúo a una nueva aventura en la lejana Hong Kong.
¿En qué ocasiones es mejor callar y seguir remando?
Cuando el contralmirante aúlla “¡Bajaremos los
impuestos!”, “¡Subiremos las pensiones!”, “¡Con Ronaldo, campeones!” y cosas
así...
Sin Mortadelo y Filemón, ¿qué habría sido de su
vida?
¡Habría sido terrible! Con mi anterior profesión de
banquero (por el lado de abajo del escalafón), hoy estaría jubilado, sin dar
golpe, tumbado a la bartola... ¡Espantoso, oiga, espantoso!
¿Qué clásico puede competir con usted en humor?
Si Espinel, Quevedo y Vélez de Guevara hubieran
dibujado también las viñetas, se acercarían bastante a un servidor, digo yo.
¿Cuáles son su lugar y hora favoritos para la
lectura?
Debajo de un pino, debajo de una encina, debajo de
una lámpara... Depende, mire. Y hora, pues en la hora mala en que no se me
ocurre nada y miro qué se les ha ocurrido a los demás.
¿Le gustan los mangas?
¡Encantadores, oiga! Coincidiendo con su invasión,
han ido cayendo algunos compañeros de profesión. ¡Cuándo hace años oía hablar
del peligro amarillo creía que se refería a la ictericia!
Recomiende un libro a un rompetechos.
¡Los del amigo
Pepe Rodríguez, claro! Y si aun a así no abre el ojo, que se ponga en la parada
del autobús y lea sólo las placas. La B, la J, la NC...
Otro para un profesor bacterio.
Alguno de esos manuales de Hágalo usted mismo.
Hágase su instalación de fontanería y habrá inventado el géiser casero.
¿Ha ganado amigos firmando autógrafos?
¡Miles! Porque hay que ser amigo de verdad para
aguantar media hora de cola para que ese tal Ibáñez te firme el álbum.
¿Qué fórmula emplea a la hora de dedicar libros?
La mortadelera, claro. Mortadelo sale siempre
disfrazado.
Venda su último libro en una sola frase.