El Correo Español
13 de Junio de 1999
El padre de los más famosos agentes secretos de la T.I.A. dice
que sus personajes resultan “rarillos” en otro formato
GERARDO
ELORRIAGA
El
pequeño Gabriel no sabe aún leer, pero su previsora madre ya le ha comprado las
últimas aventuras de Mortadelo y Filemón, convertidos en astronautas, a su
pesar, con rumbo a la (Misión Intergaláctica Espacial Rebóllez). El padre de la
más famosa pareja de agentes de la T.I.A., el dibujante Francisco Ibáñez,
regaló ayer en un centro comercial de Guetxo abundantes y elaboradas
dedicatorias de sus personajes, camuflados como gusanos, vampiros o fantasmas,
a niños posmodernos, adictos a las tallas grandes y a la videoconsola, jóvenes grunges
coleccionistas de cómics y progenitores entusiasmados que recordaban infancias
dichosas entre tebeos y sugus. “Cuando yo
era niña también conseguí que me firmara un ejemplar. Reconozco que soy una
fan”, dice la madre de Gabriel visiblemente satisfecha.
El creador de personajes
como Pepe Gotera y Otilio, 13 Rue del Percebe o Rompetechos, su hijo
predilecto, no se extraña a estas alturas de la heterogeneidad de sus lectores.
“Si viviera exclusivamente de los
chavales, hoy estaría fregando suelos”, comenta. “Lo que me gusta es ese señor o el propio abuelete que lleva su
ejemplar bajo el brazo y crees que va a hacer un regalo a sus nietos, pero que
acaba confesando que el libro es para él. Entre mis lectores cabe una amplia
gama de edades intermedias, de profesionales que me dicen que se meten en la
cama con mis historias y se duermen tan ricamente. .¡Cómo que estoy pensando en
venderlas como somníferos en la farmacia!”.
Además de sus virtudes
relajadoras, el éxito de Mortadelo y Filemón parece radicar en su adecuación a
los tiempos. “No puedes seguir con el
mismo tono de los inicios, hace cuarenta años. Ellos evolucionan y participan
en los grandes eventos, están en los mundiales de fútbol, en las olimpiadas,
reflejan los problemas más actuales, caso de la corrupción o los sistemas
dictatoriales, pero ¡ojo!, sin manifestar ideologías”.
El nacimiento de esta
pareja también se debe a la coyuntura de la época. “Eran tiempos de guerra fría, y se hablaba mucho de espías a lo James
Bond. Entonces se me ocurrió esta parodia”. La génesis duró, según el
autor, unos sesudos cinco minutos. “No me
creo a quien dice que tarda meses y estudios para dar forma a un monigote”.”Lo
que sí es duro es rellenar páginas en blanco después de cientos de guiones,
cuando ya lo han hecho y destrozado todo”.
La aparición de nuevos
medios y tecnologías también ha influido en la vida de estos expertos en la
investigación chapucera “que no forman
pareja de hecho” a pesar de algunos malévolos rumores. “La adaptación a la pantalla fue horrible, resultaban muy ñoños” se
lamenta Ibáñez. “Ahora incluso se ha
planteado hacer una película con actores de carne y hueso, pero sigo pensando
que cuando salen de su formato original queda una cosa rarilla”.